Introducción:
Gracia y mérito no son principios paralelos, sino antagónicos y excluyentes, mérito es de este mundo, la "gracia" no es de este mundo, pertenece al reino de Dios. Es lo que Jesucristo vino a revelar... "a vosotros os es dado saber los misterios del reino de Dios" (Lucas 8:10), el reino del Dar. Es lo que Jesús vino a enseñar y dejar como herencia a su iglesia: "el evangelio de la gracia de Dios".


NOTA: Ediciones Tercer Angel es un esfuerzo de Cristianos Adventistas del Séptimo Día que amamos a Dios y deseamos dar a conocer su caracter.
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La Fe de Abraham

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Para Abraham, desde su análisis de las cosas, había descendido y retrocedido en su vida espiritual. Para Dios Abraham había crecido, porque había aprendido a desconfiar más de si mismo.

 
Introducción:
 
 
La historia bíblica destaca diversos personajes. Entre estos, Abraham es el hombre a quien hebreos, musulmanes y cristianos reconocen, exaltando sus conquistas y triunfos.
Lo presentan como el ejemplo de fidelidad, pero la palabra de Dios muestra a este hombre como es realmente: como uno de nosotros. Lleno de dudas, incertidumbre, debilidad y de todo aquello que constituye a un hombre pecador. Y al mismo tiempo sincero en su propósito de escuchar y obedecer al llamado de Dios.
En su buena voluntad y propósitos eternos, el Creador del universo eligió a este hombre para mostrar a su creación y a todos los seres inteligentes la grandeza de su amor y la abundante gracia por su criatura caída y necesitada. La segura promesa, palabra y juramento de aquel que no miente, están basados en lo que "El" es como Dios amoroso y fiel, y no en algo que pueda ofrecer o encontrarse en la criatura.
Por tanto veamos en la historia mas allá de la biografía de un mortal. Por el Espíritu de Dios vislumbremos y destaquemos la maravillosa gracia y la grandeza del amor redentor en acción, dirigidos a este hombre para guiarlo y fortalecerlo con sus promesas. Para perdonarlo, levantarlo y cuidarlo. Conozcamos la ternura y paciencia infinita del Amor que no se rinde, hasta convertir a este hombre débil y frágil, en Abraham, "El hombre de fé"... pues "El que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo" (Fil. 1:6) Amén.
 

Abraham, el hombre bienaventurado

"¿Qué, pues, diremos que halló Abraham, nuestro padre según la carne?. Porque si Abraham fue justificado por las obras tiene de que gloriarse, pero no para con Dios. Porque ¿qué dice la escritura? Creyó Abraham a Dios, y le fue contado por justicia.
Pero al que obra, no se le cuenta el salario como gracia, sino como deuda; mas al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia.
Como también David habla de la bienaventuranza del hombre a quien Dios atribuye justicia sin obras, diciendo: Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades son perdonadas, y cuyos pecados son cubiertos.
Bienaventurado el varón a quien el Señor no inculpa de pecado. ¿Es, pues, esta bienaventuranza solamente para los de la circuncisión o también para los de la incircucisión? Porque decimos que a Abraham le fue contada la fe por justicia". (Romanos.4:1-9).
Estas declaraciones impresionantes del apóstol Pablo se refieren a Abraham, a quien los hebreos llamaban el padre de la fe, dichas afirmaciones son aplicables no solamente a Abraham sino también a nosotros. Las condiciones que establece aquí la escritura no son circunstanciales y temporales, sino eternas y permanentes.


Analicemos las siguientes:

a) "al que obra, no se le cuenta el salario como gracia, sino como deuda;" b) "al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia".
c) "como también David habla de la bienaventuranza del hombre a quien Dios atribuye justicia sin obras".
Aquí el apóstol Pablo está definiendo la fuente de la felicidad para nosotros los pecadores y describe la dicha del hombre a quien Dios le "atribuye" justicia sin obras, ¿por qué? Porque al que obra no se le cuenta el salario como gracia, sino como deuda.
De esta manera Dios quiere liberarnos de la deuda, porque ella nos trae infelicidad, desdicha. Por tanto El estableció la manera de traernos felicidad y es liberándonos de la deuda, la deuda que genera aquel que obra para ganar justicia.
Cabe una pregunta: ¿Todas las obras generan deuda? ¿las buenas y las malas?


Pablo responde en el versículo 8, diciendo: "Bienaventurado el varón a quien el Señor no inculpa de pecado". De acuerdo con el contexto y parafraseando, está diciendo lo siguiente: Bienaventurado el varón que "no obra". Porque si obra, se le inculpa de pecado. Vamos a fundamentar esto mas profundamente y de una manera práctica. Si solo quedara en la teoría no nos serviría de mucho, necesitamos lo práctico, porque nosotros entendemos mejor las cosas cuando les pasa a los demás, así entonces comprendemos cuando nos pasa a nosotros. Por eso la palabra de Dios no establece solamente conceptos, sino también aplicaciones prácticas. El estudio de este capitulo de romanos debe hacerse intentando ponernos, usted y yo, dentro de nuestras limitadas capacidades, en la mente de Dios. ¿Qué pensaba El cuando hizo escribir estas palabras? ¿qué piensa El hoy cuando estudiamos esto? ¿qué intención tiene cuando estableció estas verdades en su palabra?. Pongámonos en lugar de Abraham y tratemos de imaginar lo que el pensaba de Dios.
¿Cómo puedo hacer para saber y pensar como Dios piensa?, ¿cómo intento conocer sus sentimientos e intenciones?. Los seres humanos nos comunicamos por lo que vemos, por lo que oímos y tocamos, es decir, por los sentidos. También Dios intenta comunicarse por estos medios, no solo por lo que leemos y así podemos ir descubriendo como es El. Dios se a dado a conocer por medio de sus obras y estas nos permite ir intuyendo que es lo que lo movía a hacer lo que hizo, como es Dios, como son sus sentimientos y propósitos hacia nosotros. Veamos por sobre la historia que vamos a estudiar a Jesús, pues no hay historia o párrafo en la palabra de Dios que no esté señalado para exaltar a Dios y a Jesucristo.


Dicen así los versículos 7 y 8: "Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades son perdonadas, y cuyos pecados son cubiertos. Bienaventurado el varón a quien El Señor no inculpa de pecado". Dice aquí que Dios quiere liberarnos de la culpa que generan nuestras acciones, aquellas que realizamos para ganar justicia y ellas, como no ganan justicia, traen culpa, porque son consideradas como deuda y no como salario. Esas traen deuda sobre nosotros, esta es una realidad, aunque lo hagamos convencidos que estamos obrando el bien. Traerá deuda si lo hacemos creyendo que aportamos algo para nuestra salvación.
Si en algún momento de tu vida piensas que hay algo que puedes hacer para volcar la balanza para tu lado, ya estas entrando en el terreno de la deuda y por lo tanto en la falta de dicha y felicidad.
Esto tan precioso es lo que dice Pablo: "Bienaventurado el hombre a quien Dios atribuye justicia sin obras". Esto significa que así como tu estas, en la situación en que te encuentres, o la desdicha que piensas tener debido a tu forma de ser, tal vez porque te desilusionaste de ti mismo o porque te crees inmerecedor de toda cosa buena, Dios te dice que te "atribuye justicia sin obras". De la forma en que te encuentres ahora mismo, Dios se contenta y se enorgullece de presentarte al universo como su hijo amado y obediente.
El punto más alto al que puede ascender el hombre es este: de rodillas al pie de la cruz, este es el punto donde Dios atribuye justicia sin obras, donde Dios provee de dicha y nos hace bienaventurados.
El versículo 9 dice: "¿es esta bienaventuranza solamente para los de la circuncisión, o también para los de la incircuncisión? Porque decimos que a Abraham le fue contada la fe por justicia". Hoy podríamos preguntar: ¿es para los bautizados o los que no están bautizados?, ¿para los adventistas o los que no son adventistas?. Y Pablo responde: Está provista para todos los pecadores.
Pero además dice que esa justicia que es atribuida sin obras le es contada por la fe. Si puedo tener la fe de Abraham, puedo entonces gozar y tener la dicha de ser una persona a quien Dios atribuye justicia sin obras.

¿Cuál y como es, entonces, la fe de Abraham?


Dice la palabra que es por fe que se atribuye justicia sin obras, o sea: Dios dice que alguien es justo sin que haya hecho nada bueno. Ahora bien, los requisitos de la ley no son no hacer nada malo sino ser bueno. Dice el mandamiento: "amaras al Señor..." está establecido en términos positivos, nadie que diga no estar haciendo nada malo esta cumpliendo la ley, esta tiene requerimientos positivos, pues demanda amor, no indiferencia.
Por tanto Dios dice que alguien es justo, que alguien está cumpliendo la ley, cuando es perdonado por haber hecho todo lo malo, por eso tiene que ser limpiado de la culpa de sus iniquidades.
A Abraham le fue contada la fe por justicia. Tu y yo necesitamos que se nos cuente la fe por justicia. ¿Como se logra esto?, vamos a la historia de Abraham:


En Génesis 12:1-3 Dios le hizo una promesa: hacer de él y su descendencia una nación grande, bendecirlo y bendecir por medio de él a todas las familias de la tierra.
¿Por qué Dios eligió a Abraham?, Romanos 4:1 dice: ¿qué pues, diremos que halló Abraham, nuestro padre según la carne? Abraham nos representa a todos, por eso es el padre de la fe; y en ese sentido podemos decir que a todos nosotros nos pasó esto, solamente que Dios apartó a Abraham y lo dejó escrito aquí para que sepamos y conozcamos que la misma buena voluntad que tuvo con Abraham es la que tiene con cada uno de nosotros ahora. Puede que cambien las circunstancias pero su actitud es exactamente la misma. Tomó a Abraham y le hizo la promesa..."vete de tu tierra...,a la tierra que te mostraré. Y haré de ti una nación grande..." Dios no le dijo: "todo esto te daré, si postrado me adorares". Tampoco se registra que la bendición era merecida por lo que Abraham era o por lo que había hecho. Si estuviéramos en lugar de Abraham quizás nos preguntaríamos: ¿qué hice "yo" de bueno para merecer esto?, ¿qué tendré "yo" para que me dé todo esto?,... "alguna cosa debo tener que me distingue de los demás, no se que es, pero Dios sabe...pensamos...tal vez "yo" no lo alcanzo a ver pero los demás si, por eso me consideran en la iglesia un buen cristiano. O quizás Dios esté viendo lo que puedo llegar a ser.
Hoy, lamentablemente muchos cristianos de diferentes denominaciones piensan de esta manera, creen que había en Abraham alguna virtud inherente, algún merito que lo hacía digno de recibir favores, de esta manera entonces las bendiciones de Dios son consideradas como premios al mérito y a la virtud alcanzada o por alcanzar.
Quiero detenerme aquí un momento: este punto es muy importante, es lo que distingue el Reino de Dios del reino de los hombres, la iglesia verdadera de una falsa. Es lo que determina la estructura del gobierno de Dios (si podemos llamarla estructura) y el gobierno de los hombres.
Gracia y mérito no son principios paralelos, sino antagónicos y excluyentes, mérito es de este mundo, la "gracia" no lo es de este mundo, pertenece al reino de Dios. Es lo que Jesucristo vino a revelar... "a vosotros os es dado saber los misterios del reino de Dios" (Lucas 8:10), el reino del Dar. Es lo que Jesús vino a enseñar y dejar como herencia a su iglesia: "el evangelio de la gracia de Dios".


La gracia es lo que determina si una iglesia permanece en la verdad o está en apostasía. La iglesia de Dios tiene una estructura horizontal. Al pié de la cruz todos son iguales: pecadores rescatados. La componen laicos, pastores, presidentes, etc. Las jerarquías son títulos de servicio abnegado y no un atributo o distinción para dominar las conciencias y granjearse respeto y homenaje. La única cabeza de la iglesia es Jesucristo y la única estrella que debe brillar en el firmamento del cristianismo es Jesucristo.
La iglesia apóstata es de estructura vertical; en la base se encuentra el pecador perdido, en el medio y en forma ascendente los que han acumulado un rosario de virtudes, que los distinguen y hace dignos y en la cima el mas santo: "el papa". Esta es la estructura de la institución Católica Romana, ¿nosotros como protestantes que es lo que nos distingue de ella? ¿es solamente una denominación? Si es así no estamos lejos de la apostasía y de parecernos a la nación Judía de los tiempos de Jesús, por lo tanto el reproche es para nosotros como institución "te vomitaré de mi boca" (Apocalipsis 3:16.) No existe diferencia entonces, para Dios, entre un papa y un cuerpo de hombres iluminados o "papa colectivo". ¿A quien entregas tu conciencia? ¿obedeces a la tradición y dogmas o a la verdad?... "examinaos a vosotros mismos...si estáis en la fe" (2 Corintios 3:5).
Retomemos lo anterior, Dios llamó a Abraham, le hizo la promesa y se acabó; no le preguntó si lo quería aceptar. Por supuesto, respetó su libre albedrío, pero tampoco le dijo: "mira, hasta que no te vea con los camellos y a medio camino, recién entonces podes contar con la promesa". Nosotros somos así: condicionamos a las personas.

El camino de Abraham, el camino del cristiano:


Entonces Abraham comenzó a caminar, tal vez como tu recién bautizado, o como tu, que llevas mucho tiempo caminando. Todos escuchamos y obedecimos el llamado a salir "...a la tierra que te mostrare", a la Canaan celestial, allí nos dirigimos todos y la forma como Dios quiere llevarnos hasta allí es andando por fe ... "porque por fe andamos no por vista". Es lo que Abraham debía aprender y es lo que Dios quiere enseñarnos hoy.
Emprendió su camino con gozo y de pronto sucede una circunstancia preocupante y al mismo tiempo ajena a él, algo que el no había provocado. Comienza a haber hambre y Abraham preocupado analiza la situación, reacciona como reaccionamos nosotros los pecadores frente a la realidad. La escritura no registra que haya consultado a Dios, analizó y tomó una decisión... "por vista". Y decide ir a Egipto. En el camino fue analizando los problemas que podría tener y para cada eventual dificultad ya tenia una solución pensada.
Génesis 12:11-13... "dijo a Sarai su mujer: He aquí conozco que eres mujer de hermoso aspecto; y cuando te vean los egipcios dirán: Su mujer es; y me matarán a mí, y a ti te reservarán la vida. Ahora, pues di que eres mi hermana, para que me baya bien por causa tuya, y viva mi alma por causa de ti".
Aparentemente Faraón era cuidadoso de seguir algunas reglas morales. No podía casarse con una mujer casada pero si con una mujer viuda. Fíjense que ridículo, para no transgredir una regla era mejor matar a una persona. Una cosa tan sutil lleva a estas cosas tan groseras. Como no las percibimos naturalmente, Dios nos atribuye justicia sin obras y quiere librarnos de la carga de estar tratando de cumplir la ley para ganar justicia, porque quien se pone esta clase de cargas comete pecados cien veces peores con tal de no transgredir algún precepto que tiene en mente.
Cuando Dios le hace la promesa y luego permite que el pueblo pase hambre, ¿Sabia Dios que Abraham iba a ir a Egipto? ¿No estaba viendo lo que iba a hacer?.
No se registra que Abraham consultó a Dios. Pregunto: ¿no se parece ahora Abraham mas a nosotros?. ¿Dios sabia lo que iba a pasar? ¡siii! ¿por qué?, porque sencillamente conocía a Abraham. Cuando se conoce a una persona, como Dios nos conoce, se puede percibir lo que va ha hacer. Así que cuando Dios le hizo la promesa, se la hizo sabiéndolo capaz de estas cosas.
Abraham pensó: "le digo que es mi hermana y soluciono el problema" y allí fue.
¿Y Dios que pensaba?. Dijo Dios: "que vaya". Si ustedes y yo tendríamos que tomar esta decisión en lugar de Dios, ¿dejaríamos ir a Abraham, conociendo lo que va a hacer?. Nosotros hubiéramos dicho: ¡No!, Hagamos un río, pongamos una montaña, pero que no vaya.
Dios tenia también poder para desviarlo y hacer que no vaya pero pregunto ¿le evitaba el problema a Abraham?, respondo: ¡no!, ¡no!. El problema seguía en él, porque lo tenía dentro, en su mente. Las circunstancia solamente iba a manifestarlo. Dios quiere curar el problema que está adentro, en nuestra mente, que es la raíz, sin evitar las circunstancias que lo evidencian. Cuando el Señor tuvo que optar por una decisión u otra, decidió por que las circunstancias se desarrollen, que los problemas afloren, porque era la manera de que Abraham se viera y se conociera.


Abraham no sabía el problema que tenía: el gran problema de la "confianza propia", el embrión mismo de nuestra naturaleza pecaminosa. Ni siquiera lo veía como un problema. Reaccionó frente a la adversidad de una forma tan natural como lo hacemos nosotros, confiamos sencillamente en nuestro razonamiento, en nuestras diversas formas de solucionar un problema, caminar por "vista" es lo mas natural y seguro para nosotros.
Entonces Dios prefirió que se desarrolle, que se vea lo que es.
Así piensa el Señor de nosotros y actúa de la misma manera; deja que las circunstancias y nuestras decisiones (que consideramos como sabias y buenas pero que son producto de nuestro razonamiento) den su fruto. Porque ello va a contribuir a nuestro bienestar eterno, conocer nuestras debilidades y fracasos, conocer que no somos para nada confiables, hace que nos aferremos de la justicia sin obras que nos hace felices y dichosos.
Versículo 17: "Mas Jehová hirió a Faraón y a su casa con grandes plagas por causa de Sarai mujer de Abraham".
¡Que grande es el amor y la gracia de Dios!. El Señor intervino sin que Abraham se lo pidiera. Cuando nos abate el sentimiento de culpa, cuando no nos atrevemos a levantar los ojos al cielo, porque la circunstancia en la que estamos ha sido provocada por nosotros mismos -así se sentía Abraham, acorralado y desamparado- aquel que le hizo la promesa no lo desamparó. Tampoco esperó que saliera del problema. Porque el Creador no espera que su criatura dé el primer paso hacia El, porque el sentimiento de culpa nos embarga de temor y tratamos de huir y de escondernos. El da siempre el primer paso, El viene a ti en tu necesidad, porque vino .."a buscar y salvar lo que estaba perdido".
Terminó allí esa experiencia, muy mala para Abraham en un sentido, pero muy buena y necesaria en otro.
Imaginemos la situación: allí estaba Abraham todo deprimido, pensando... ¡que bárbaro que soy! ¡como fui capaz de hacer algo semejante!...yo no tengo solución...para colmo Dios me descubre... ¿se parece a nosotros?. Para Abraham, desde su análisis de las cosas, había descendido y retrocedido en su vida espiritual. Para Dios Abraham había crecido, porque había aprendido a desconfiar un poquito mas de si mismo. A desconfiar de los conceptos de lo que está bien y lo que está mal, de los procedimientos que han de seguirse para solucionar un problema, según su forma de pensar o razonar. El Señor le enseñó a desconfiar de sus propias convicciones. Entonces, gracias a Dios, Abraham creció.

Dios le promete un hijo


Génesis 15:4... "luego vino a el palabra de Jehová diciendo: No te heredará este, sino un hijo tuyo será el que te heredará. Y lo llevó fuera, y le dijo: Mira ahora los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar. Y le dijo: Así será tu descendencia. Y creyó a Jehová, y le fue contado por justicia".
Conocemos la historia mas adelante, como en complicidad con su mujer deciden que con motivo de la tardanza de la promesa, Agar la sierva seria el medio por el cual se cumpliría la promesa. Dios sabia lo que Abraham iba a hacer, sin embargo le hizo la promesa. ¿ Abraham se sentía feliz? Si, porque escuchó lo que anhelaba, la promesa de un hijo... "creyó y le fue contado por justicia". Y el hombre a quien Dios atribuye justicia sin obras es dichoso, bienaventurado.

La gran lección de la fe verdadera


Dijo Dios:...tiene que aprender algo mas.
Abraham creía que la fe era algo que Dios otorgaba, pero que además exigía de la criatura alguna colaboración. Fue pasando el tiempo, la promesa no se cumplía, decidió entonces resolver el problema de la misma manera que en Egipto, comenzó a caminar nuevamente por "vista". Analizó la situación, razonó, vio y dijo: esta es la realidad y Dios me dio una mente que tengo que usar...me parece haber escuchado esto hace poco...me refiero a mi experiencia. Cuando Dios santifique mis pensamientos entonces me va a abrir la puerta. Abraham pensaba de esa manera y por ese sendero se metió, comenzó a buscar alternativas junto a Sarai que era estéril y encontraron a Agar. Pregunto: ¿Dios donde estaba?. Si yo estuviera en ese lugar, ¿que hubiera dicho? ¡No!!! Va a cometer adulterio, además traerá división y guerra para siempre entre Ismaelitas e Israelitas, vamos a impedir este desastre, vamos a frenarlo y tratar de resolver el problema de otra manera "mas sabia".
Dijo Dios:...que vaya con Agar...y tuvo un hijo.
Abraham estaba contento, pensó: por fin se cumplió la promesa "...Ojalá Ismael viva delante de ti. Respondió Dios: Ciertamente Sara tu mujer te dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Isaac; y confirmaré mi pacto con él por pacto perpetuo para sus descendientes después de él."
Y Dios cumplió su promesa igual y Abraham estaba contento del hijo que le dio, mientras era viejo y Sara estéril, Dios cumplió su promesa. ¡Alabado sea su nombre!. ¿Aprendió algo más Abraham? Por supuesto. El pensaba nuevamente: ¡Que barbaridad, otra vez hice lo mismo, no aprendo mas. Otra vez creí que estaba haciendo bien, que era sabio en lo que hacia y Dios me demuestra nuevamente que El es sabio. Y para Abraham, esto había sido un doloroso fracaso. Pero para Dios había crecido, otra nueva experiencia que lo había hecho crecer. Nuevamente había aprendido a conocerse a si mismo y por lo tanto a desconfiar de sus propias convicciones.
Otro peligro es comenzar a confiar en el consejo de otro, si es necesario que fracasemos por el consejo de otro, Dios lo va ha permitir también. Porque es parte de la escuela en donde nos enseña a desconfiar de nosotros mismos.


El Señor desea que tengamos un Dios personal, eso también estaba enseñándole a Abraham. Luego, al final, llegó la prueba mayor, la suprema de su vida; conocemos la historia. Esta puso de manifiesto que Abraham había crecido en el punto de la desconfianza propia y había aprendido a confiar en Dios.
Pero Abraham fue justificado cuando creyó a Dios, allá al comienzo de su caminar y se mantuvo bajo esa condición todo el tiempo mientras caminaba, mientras fracasaba.
Nosotros estamos en una condición de justificados, antes, durante y después de los fracasos, porque esos fracasos, que para Abraham eran angustiosos y los veía desde su perspectiva como fracasos, son para Dios parte necesaria de nuestra formación. Son para nuestro bienestar eterno, aunque quien esté viviendo ese momento de prueba no lo vea de esa manera. Pero hermanos eso no hace que Dios sea distinto o cambie de actitud en ese momento. El está controlando la situación y sabe lo que está pasando en esa persona que está atribulada y sin capacidad de entender. Permite que se meta en esa situación para curarlo, está graduando la zaranda o la llama para que después de eso en lugar de ser consumido haya crecido.
Algunas personas han comentado que en medio de la prueba que están pasando se han dejado entristecer y entonces en medio de la prueba tienen la carga psicológica de sentirse culpables por sentirse apenados. Lo hermoso es que Dios nos está llevando sobre sus hombros, como la oveja perdida, aunque ella no se da cuenta. Dios conoce la realidad y sabe que "...después da fruto apacible de justicia..." (Hebreos 12:11). Luego podemos mirar hacia atrás, de la manera como Abraham miraba su experiencia y decir: ¡que barbaridad, como soy yo, y como es Dios conmigo!.
Algunos escépticos dicen: "no es solamente creer" ,Abraham creyó, ¿tu que seguridad tienes de creer como Abraham creyó para ser justificado como el fue justificado? ¿qué seguridad tienes que Dios te esté considerando creyente como lo fue Abraham?.
Entonces se nos presenta un conflicto ¿que debo hacer para estar seguro de que creí?, algunos dicen: "si mantienes una relación con El, si mantienes tu mente pensando en El y nunca le fallas entonces creíste. Pero la historia de Abraham muestra que no es así. ¿Qué tengo que hacer para creer?, hagamos lo que hizo Abraham. Dios le dijo: "...mira las estrellas, si las puedes contar...", mira afuera de ti, mirar fuera de nuestra impotencia, fuera de nuestro cuerpo muerto y estéril. Mirar la cruz del Calvario "...mirad a mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra, porque yo soy Dios, y no hay mas" (Isaías 45:22).
Deja de mirarte a ti mismo, mira a tu salvador. Ese es el secreto. Dios mismo hizo que Abraham lo mirara. El mismo proveyó esa fe que le fue contada por justicia. Nada es de la criatura, todo proviene de Dios, ¡alabado sea su nombre!.


Entre los hombres es alabado el juez que declara inocente al justo, que justifica al inocente. Pero en el universo, hay un titulo que solo está reservado al Juez del universo: "aquel que justifica al impío" (Romanos 4:5).
Las circunstancias por las que Dios nos llevará, los lugares por donde nos hará pasar, nos harán conocer que somos distintos de lo que pensamos y generalmente peores que los demás, nos desilusionaremos de nosotros mismos. Dios nos convencerá, por medio de su Espíritu que somos pecadores y simultáneamente nos mostrará a aquel que murió por nosotros, nos hará recordar desde los oráculos de su Palabra, que El hace dichoso a aquel que atribuye justicia sin obras, mientras fracasa, mientras se ve pecador.
Si esas mismas circunstancias y lugares desagradables por los que nunca hubiéramos querido pasar, sirven para desilusionarnos de nosotros mismos y para elevar nuestra vista a Jesús, entonces serán la mejor prueba de que Dios nos está conduciendo como condujo a Abraham, no para bendecirlo, sino porque ya lo había bendecido. No para aceptarlo, sino porque ya lo había aceptado.
Nuestro peor mal no es lo que hacemos, sino lo que somos. A esa convicción quería llevar Dios a Abraham y también a nosotros. Y en esa condición nos perdonó y nos atribuyó justicia. Y en esa condición nos conduce por esta vida para que veamos también como es El en realidad y como reacciona frente a nuestra necesidad.
En esa condición tal vez te encuentras hoy: fracasado, caído, derrotado, desilusionado de ti mismo. Pero necesitado como estas, el Señor, El Juez del universo te contempla, levanta su mano y te dice que así como eres, impío, cubre tus pecados, perdona tus iniquidades, y te justifica atribuyéndote justicia sin obras, para que seas dichoso, bienaventurado. ¡Alabado sea su bendito nombre para siempre!

 




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